El mar es una alianza: la cosecha de algas marinas
“Antes que el sueño tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. ”
Extractos del poema El Mar de Jorge Luis Borges
Macrocystis pyrifera : las algas protagonistas del cultivo controlado.
En el litoral de Puerto San Julián, provincia argentina de Santa Cruz, se trabaja en una granja de siembra y cultivo de macrocystis pyrifera. Es una macroalga muy cotizada por sus cualidades como bioestimulante. Se han formado verdaderos bosques submarinos a los que se busca no sólo preservar sino multiplicar.
Como escribían Pablo Neruda y Octavio Paz a los que me permito parafrasear … en las costas marinas del mundo podemos vivenciar las que son agrietadas y férreas, las que se encuentran con las aguas altaneras o solitarias. Frente al mar vemos las olas,en un instante se esculpe, y en otro se desmorona en la que emergen redondas. Su movimiento es su forma.
Debajo sabemos crece en el mar de la Patagonia Argentina como un manchón amarronado, los bosques de “cachichuyo”. La periodista Julieta Roffo las describe así ; “algas nativas de la costa argentina que forman enormes bosques submarinos que, entre muchas otras cosas, ayudan a mitigar el cambio climático porque absorben carbono. Además, son el ecosistema perfecto para que especies como la centolla, los calamares y algunos tipos de tiburón alojen sus huevos, y para el crecimiento de otras especies vegetales y de hongos.”
En el Puerto San Julián se trabaja en un granja marina, conectando al mar con el campo ya que esta alga es un potente bioestimulante agrícola. La Fundación Por el Mar trabaja en el proyecto que promete sembrala en el mar, no sólo extraerla. Las esporas de las mismas germinan en un laboratorio y posteriormente se “mudan” a líneas de cultivo denominadas longlines que se asientan a nueve metros de profundidad.
El coordinador de la fundación explica también que cuando crecen a dos o tres mm son llevadas al mar, los carretes se disponen entrelazados en cabos marinos donde quedan suspendidos en el agua. Ya son algas bebé.
De problema a recurso sostenible y sustentable
Para los pescadores artesanales del Puerto de San Julián las algas eran algo que se enganchaban en los botes, dificultaba la pesca y sólo molestaba. Pero el trabajo educativo realizado y la concientización permite hoy que se involucren en la tarea, como baqueanos costeros, conocedores del mar patagónico. Se mueven en un entorno natural bello y desafiante que reconfigura sus vidas. Por ejemplo monitorean la estabilidad de toda la infrestructura submarina que se construyó, cuando antes movían redes de pesca con destreza. Se pueden complementar las actividades en un modelo win-win.
Las esporas se cosechan en el mar mientras transcurre el verano. A partir de ese instante se emprende la tarea en laboratorio, se replantan en otoño, el desarrollo se da durante la primavera y la recolección ocurre el verano siguiente.
En 6 a 8 meses las algas Macrocystis Pyrifera crecen hasta alcanzar entre los 3 a 5 metros de largo. Es decir no es una actividad extractiva y ya, se las siembra para asegurar el recurso clave para ser usado como bioestimulante . Será usado entonces para suministrarle a los cultivos optimizando la absorción de nutrientes , desarrollar la tolerancia al estrés hídrico y fortalecer los rindes.
Se abre una oportunidad científica y social, como por ejemplo se está trabajando con estas algas en una especie de parche que pueda usarse en la cicatrización de la piel y la asistencia de quemaduras.
De a poco pero con firmeza las granjas marinas son desafío y esperanza para las comunidades patagónicas.
” El viento riza el mar, y el mar azota el murallón del puerto. Es un mar de acero. Cuando las algas hayan crecido las iremos a buscar , se alegra el mar.”

